Home » Análisis de Actualidad » Charlie Hebdo y el doble rasero de la “Libertad de Expresión”

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El miércoles 7 de enero, un grupo de terroristas, aparentemente de Al-Qaeda, entraron en la sede de la revista satírica Charlie Hebdo, armados con fusiles de asalto, y provocaron la muerte de 12 personas. El atentado, habría sido motivado por insistencia de la revista por mofarse del Islam en sus portadas. Luego del ataque los medios de comunicación de todo el mundo se rasgaron las vestiduras, por el atentado contra la “libertad de expresión”, y han titularon sus portadas “Je suis Charlie” (yo soy Charlie), movimiento que llegó incluso a una gran manifestación de líderes de Estado y personalidades políticas en París. Los Jefes de gobierno de Alemania, Reino Unido, España e Italia participaron junto al presidente Francés. El gobierno estadounidense envió al fiscal general Eric Holder como representación.

Por otro lado, un sector de la opinión pública se ha manifestado en contra de la exaltación de la revista como paradigma de la “libertad de expresión”, pues la fama de la revista se debe a sus caricaturas abiertamente blasfemas en que se hace representaciones grotescas de la Santísima Trinidad, el nacimiento de Jesús o la crucifixión, sumado a otras graves ofensas contra el Papa y la Iglesia Católica. El Papa en una rueda de prensa condenó la violencia terrorista, pero recordó también que la provocación es semilla de violencia.

La afirmación del Papa no demoró en tener respuesta por parte de representantes del gobierno francés, que reivindicaron el derecho a la blasfemia. La ministra de justicia, Christiane Taubira, afirmó que en su país, “se puede dibujar todo, incluido al profeta, porque en Francia, país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos derecho a mofarnos de las religiones”. También el Primer Ministro del Reino Unido, David Cameron respondió al Papa que “Creo que en una sociedad libre existe el derecho a ofender la religión de otros”, “tenemos que aceptar que los periódicos y revistas pueden publicar cosas que son ofensivas para ciertas personas, mientras sea dentro de la ley”.

Lo hipócrita de tal reclamo es que en esos mismos países, cuyos jefes de Estado defienden el “derecho a blasfemar” de una revista, afirmar que la homosexualidad es pecado, o mostrar fotos de abortos frente a un abortorio, son conductas que pueden conducir al arresto y a la imposición de pesadas multas. Defender la Doctrina de la Iglesia sobre temas morales como la homosexualidad ha sido causa de que profesores y funcionarios públicos pierdan el empleo. En Francia es posible dibujar a Dios, al Papa o a Mahoma de forma grotesca, pero no es posible portar un símbolo religioso en una escuela pública.

No es para nada fortuito que el establecimiento haya convertido una publicación blasfema en emblema de la libertad de expresión. Se trata de la mentalidad revolucionaria según la cual la libertad del hombre se gana en la “liberación” de toda determinación que limite de algún modo los impulsos de la voluntad. Por eso para el revolucionario la expresión de la libertad es inherentemente subversiva, se ejerce en la ofensa y la transgresión, en la demolición de cualquier límite.

Si la Iglesia proclama la palabra de Cristo “La Verdad os hará libres”, es decir que la libertad del hombre se gana en la búsqueda de la Verdad y la redención del pecado, la modernidad proclama una libertad “auto-afirmante” que propone al hombre la negación de esa y toda verdad como camino hacia la libertad absoluta. Si la libertad cristiana es una libertad en función del bien, pues el mal esclaviza al hombre y encadena su razón a los impulsos de su voluntad, la libertad moderna es una libertad “para el mal”, pues la emancipación revolucionaria pasa por demoler toda noción de Bien, Verdad o Belleza.

De ahí la hipocresía de las democracias contemporáneas que defienden el derecho de blasfemar contra Dios, como parte de una ilimitada “libertad de expresión”, mientras que condenan cualquier defensa de Dios y su doctrina por ser “discurso de odio”.

Jesús Herrera
Universidad del Rosario

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