Home » Historia » Agualongo, modelo de realista y católico

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Virgen de la Merced, patrona de Pasto

Por Camilo Méndez
Universidad de Ciencias Ambientales y Aplicadas

En la historia de Colombia, pocas figuras han sido tan ignoradas como la de Agustín Agualongo, el caudillo realista que lideró a los Indios de Pasto en la Resistencia contra los revolucionarios de Bolívar y Nariño.

Después de resistir por 14 años luchando por Dios y el Rey, defendiendo sus amados Reyes Católicos, y en un grito final exclamar “¡Viva el Rey!”, las fuerzas realistas cayeron en manos del odio y  la carnicería de los revolucionarios, quienes mataron no sólo a los militares sino también a las mujeres y niños, bajo la orden de Bolívar de “no dejar a uno solo vivo”. Este fue el castigo, por haber sido el pueblo colombiano más feroz, leal y que resistió más a la embestida revolucionaria. Fue en venganza que a estas tierras “Pastusas” le colocaron el apellido del “precursor Nariño”, por las humillaciones que los revolucionarios sufrieron en batalla, frente el ejército realista pastuso.

Después del combate en Ibarra – Bolívar ordenó a Sucre la reconquista de Pasto con la consigna de barrer de la faz de la tierra su “raza infame”. El 24 de diciembre de 1822 cayó la ciudad. Los excesos fueron terribles, la masacre horrenda: no se respetó ni la santidad de los templos. En esa noche de Navidad y en los días siguientes cayó sobre la dolorida población lo peor de la naturaleza humana y lo peor de las tropas asesinas venidas de los llanos de Aragua y Casanare.

Guerra sin tregua de los republicanos, reconquistando la ciudad de San Juan de Dios de Pasto varias veces y que mantuvieron a Simón Bolívar dos años sin poder seguir hacia Ecuador y los países del sur donde lo esperaban. Los historiadores terminaron reconociendo como “la Vendeé americana” a esta gesta del pueblo pastuso.

El valor de los pastusos

Fueron los más fieles y corajudos defensores de la monarquía española; lucharon solos, muchas veces sin más armas que lanzas y piedras, sostenidos por la Fe que les inspiraba su Generala (La Virgen de las Mercedes, gobernadora de la ciudad). Eran excepcionales: no aceptaban la vida de cuartel, el adiestramiento militar ni el uso de uniforme; guardaban las armas en sus moradas y el invencible Agualongo  los congregaba para hacer frente al enemigo cuando las campanas tocaban a rebato. Los milicianos pastusos se agrupaban en compañías por familias, por veredas, o por oficios. Detrás de los combatientes iban las mujeres y los muchachos con la comida, la chicha y el aguardiente. Al terminar el combate retornaban a sus hogares a reponer fuerzas para el siguiente.

La lucha final

El 18 de agosto de 1823, Agualongo, distinguido como Coronel de los Ejércitos del Rey, entró otra vez en Pasto. De nuevo los republicanos lo desalojaron y volvieron a rechazarlo.  En 1824. Mosquera derrota a Agualongo en Barbacoas, pero recibe un tiro en la cara que lo marcó de por vida. Preso en Popayán, Agualongo  es condenado  a muerte. Fiel a Dios y a la Corona Española no le valieron persuasiones para que salvara su vida apoyando la independencia. Su última voluntad fue que no se le fusilara por la espalda. “¡Viva el Rey!” fueron las últimas palabras del bizarro paladín que encarnó la tenacidad y el coraje de su raza muriendo como General, honor que ya le había sido despachado desde España.

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