Home » Análisis de Actualidad » Las trampas de la “justicia transicional”

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En los años 60, un grupo de jóvenes pertenecientes a la élite social de Camboya, todos graduados de universidades parisinas, y por ello educados en la misma mentalidad que los del Mayo de 68, se reunieron para formar la guerrilla de los “Jemeres Rojos” como brazo armado del Partido Comunista de Kampuchea. Con la ayuda del ejército norvietnamita lograron derrocar al régimen de Lon Nol y tomarse el poder para implantar una revolución igualitaria de un radicalismo exacerbado. El resultado fue uno de los genocidios más sangrientos de la historia reciente.

El régimen de los Jemeres Rojos impuso una reforma agraria radical, desplazando a la gente de las ciudades al campo con el fin de devolver a la sociedad al hipotético estado del “buen salvaje”, tal como lo formuló Jean Jacques Rousseau en su ensayo sobre el origen de la desigualdad. Con el propósito de eliminar toda desigualdad entre los hombres, abolieron el dinero y la propiedad, destruyeron bibliotecas, colegios y hospitales, modificaron el lenguaje para eliminar toda individualidad y asesinaron a todo aquel que tuviera un mínimo nivel educativo, a toda persona de una etnia extranjera, y a los clérigos de las religiones que el régimen considerara “reaccionarias”. Se calcula que en los cuatro años que duró el régimen murieron alrededor de 2 millones de personas (teniendo en cuenta que la población de Camboya era de alrededor de 7 millones), la mitad ejecutados por el régimen, la mitad por la hambruna y el trabajo forzado.

La bestialidad del régimen jemer, espantó incluso a los comunistas que les ayudaron a hacerse con el poder, y así es como en 1979 el ejército vietnamita ocupó Phnom Penh y derrocó a los jemeres, aunque estos siguieron controlando la región occidental del país y mantuvieron una guerra de guerrillas hasta después de la muerte de Pol Pot en 1998. En 2006 se creó el Tribunal para el Genocidio Camboyano con el propósito de juzgar los crímenes contra la humanidad que fueron cometidos por el régimen jemer, pero al día de hoy sólo cuatro de los líderes del régimen genocida han sido condenados, varios murieron antes de ser capturados y otros antes de recibir sentencia. Empero, el principal obstáculo para el funcionamiento efectivo del comité ha sido la participación en el nuevo gobierno de ex miembros de los jemeres, empezando por el actual primer ministro Hun Sen que perteneció a los jemeres hasta 1979, así como el apoyo del rey Norodom Sihanouk y países como China y Estados Unidos que apoyaron el régimen.

Buena parte de los jemeres se desmovilizaron en los 90s y entraron a formar parte de los nuevos partidos que se fueron creando en el país. En septiembre de 1999 algunos de ellos amenazaron con otra guerra civil si se les enjuiciaba. En este orden, cabe preguntarse si en el caso de Camboya, la justicia transicional no ha funcionado más bien como una gran pantalla, enjuiciando a unos poco líderes mientras el grueso de los responsables terminó no sólo impune, sino participando activamente dentro del nuevo régimen. Esto debería servir como advertencia para quienes invocan la justicia transicional como panacea para evitar la impunidad en los procesos de negociación con grupos insurgentes.

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